De lo chafa

Chafa es un adjetivo frecuente en México. Se le blande sin misericordia contra cosas y contra personas, entre ellas uno mismo en autoacusación; su significado es el de algo de poco valor o calidad mediocre y tiene una carga mordente. (Se escucha al fondo la letra de la Chilanga banda con los occiduos Tacubos).
Nace el verbo chafear, que en forma superlativa se conjuga como chafear gacho. Indago sobre lo chafa y me topo con unas ricas cápsulas de lengua que nos receta Arturo Ortega Morán en su blog de wordpress:
Chafa: Lo de poca o nula calidad, de poco valor. En España, en el siglo XV, un chafallo era un remiendo mal hecho y un chafallón el que los hacía. La palabra extendió su significado a cualquier cosa mal arreglada. Partiendo de esta palabra, desde los primeros años de la época colonial, en Sudamérica se acuñó la palabra chafallonía, que después se dijo chafalonía para referirse al oro y plata de baja ley. Con el tiempo, chafalonía pasó a nombrar  las alhajas de poca valía que los estafadores usaban para engañar a los incautos. Así, la palabra pasó al lenguaje popular en donde sufrió una contracción y se dijo “chafa“, además amplió su significado y hoy la usamos para referirnos a: ´cualquier cosa de poco valor´.
Puede suponerse que estas derivaciones de chafa provienen originalmente de la palabra inglesa chaff, una de cuyas acepciones es precisamente algo de poco o ningún valor, a su vez de ceaf, que proviene del alto germánico y que significa la cáscara del trigo u otras semillas separada por la acción de trillar, esto es, un desecho. Queda por descubrir si el salto de ceaf o de chaff a chafa fue directo, o bien primero se convirtió en chafallón y chafalonía y luego se apocopó (se acortó) para quedar en chafa. Finalmente chafa es la apocopedad por excelencia. Chafalonía puede descender de chaff alloy, que sería la aleación de baja calidad.
Me interesé luego en encontrar la palabra chaff en alguna de las versiones en inglés de la Biblia y para ello elegí la versión del Rey Jaime (KJV) que es posterior (1611) a la primera traducción de la Biblia al español, efectuada por Casiodoro de Reina (1569) y luego revisada por Cipriano de Valera (1602).
La Biblia del Rey Jaime contiene la palabra chaff en 17 lugares, quince de ellos en el Antiguo Testamento, y sólo dos en el nuevo, en los libros de Mateo (3:12) y Lucas (3:17).
Las versiones recientes en español mencionan, en los pasajes de referencia, paja o en algunos casos, tamo. Considero que hay una distancia de significado entre paja y tamo ya que este último es un desecho en la trilla, un polvo sin utilidad mientras que la paja tiene el valor de servir como forraje. No siempre lo chafa sería inútil.
Chafa en nuestro tiempo se limita a denotar mala calidad y no desperdicio o desecho. La Biblia en cambio hace el contraste entre el grano que es valioso y por lo tanto permanece mientras que la paja o el tamo se pierden en las ráfagas del campo sin que de ellos quede memoria. No hay término medio. Lo chafa es efímero.

Anuncios

Abogados y escritores

 

Son muchos los casos en las letras en que coincide que destacados escritores hayan cursado como formación de origen la carrera de leyes. ¿Habrá alguna conexión o se trata de una cuestión azarosa?
Estoy seguro que las ligas entre literatura y derecho son mas fuertes y claras de lo que imaginamos. No se limitan al empleo de la palabra aunque eso ya de suyo sería bastante. Hay coincidencias en el uso del lenguaje, en la argumentación e incluso podría, en los casos de ciertos procesos judiciales en los que intervienen jurados, haber vínculos con la dramaturgia. No solo se trata de exponer sino de convencer.
El derecho mexicano forma parte de una tradición proveniente del derecho romano; el derecho norteamericano, en cambio procede de otra línea, la germánica. El nuestro está mayormente fundamentado en derecho escrito, en códigos y cuerpos normativos detallados que han obligado a un uso preciso del lenguaje. Esto no tiene que ver con una mala inclinación de gobernantes a tratar de resolver mediante leyes, problemas cuya solución radica en otro lado. Veamos con desconfianza a quienes sostienen que hacen falta nuevas leyes porque aunque sería cierto en alguna medida, queda pendiente el tema de la aplicación y cumplimiento del derecho. Además, por un aspecto que pone en entredicho los valores democráticos, como los entendemos, nos hacen entenderlos, o pretenden hacerlo, los resultados legislativos a veces, por satisfacer a los participantes, resultan en disposiciones sin aplicación efectiva.
Otro ámbito donde se manifiesta en forma notable la conexión con las letras es en el campo judicial, esto es, en la elaboración de sentencias que tienen que ser cuerpos coherentes que agrupen hechos, consideraciones legales, conclusiones y puntos resolutivos.
Las sentencias judiciales, sobre todo, aquellas que resuelven asuntos que se refieren a la interpretación de las leyes, resultan un género especial en el que se emplean recursos literarios para ilustrar aspectos que por abstractos pueden resultar inasibles. Son construcciones de conceptos y ficciones legales.
Este entrenamiento explica que sea relativamente sencillo dar un salto de las leyes a las letras. Las normas de la escritura aplican y son incluidas por las de la ley.
Nuestro país ha tenido grandes escritores que han cursado la carrera de abogado. Me viene a la mente el caso por ejemplo de Ramón López Velarde o de Manuel José Othón que estudiaron en diversas instituciones esta carrera. En el caso de Othón, él fue incluso director de una prisión. En forma más reciente tenemos los casos de Carlos Fuentes o de Jorge Volpi.
La destreza que el abogado adquiere a lo largo de su experiencia profesional sea en la redacción de contratos, que pueden ser sumamente complejos; en la redacción de demandas y respuestas así como alegatos, en las elaboración de disposiciones administrativas o sentencias judiciales permite que pueda darse el salto en la dirección contraria, esto es, el paso del campo profesional al literario. La revista española del consejo general de la abogacía de septiembre de 2014 contiene una convocatoria de concurso de microrrelato jurídico, limitado a 150 palabras. Se lee interesante porque se puede escribir mucho del trabajo diario que puede llegar a parecer monótono o austero pero que en tanto conocimiento aplicado a una actividad social resulta valioso para todos.

Atisbos

Si bien la música acompaña los pasos del ser humano desde tiempos ancestrales, su evolución, su desarrollo, al menos documentado, tiene cuando mucho unos diez siglos, tiempo que se ha ido volando. Debemos agradecer a la vida conventual europea, y también americana, el haber contribuido para la compilación de mucho del conocimiento y su posterior divulgación. Sin embargo, mucho de lo que se conoce ahora no son sino conjeturas, construcciones de un rompecabezas intelectual con unas cuantas piezas, eso sí, en hábiles manos y mentes.
Lo que nos resulta más fácil es trazar una línea de tiempo a partir del siglo XIII y a partir de allí colocamos la sucesión de estilos: la música del barroco, renacentista, romántica, clásica, moderna y contemporánea. De esta manera podemos colocar a Vivaldi o a Bach en lo tiempos remotos, a Mozart, Beethoven y Chopin en los intermedios y a Philip Glass o Arvo Part en la escena contemporánea.
Agradezco haber podido tener acceso a esta riqueza: desde el radio, en conciertos y por medio de discos. La radio pública tiene una función irrenunciable de democratizar la cultura; de otra manera, de qué manera muchas personas tendrán acceso a la obra de un compositor o de un período.
Hace unos días, platicaba con una maestra de música a quién le plantee una duda antigua. ¿Con base en qué se dice que la música se ha vuelto más compleja? Lo pregunto porque si escuchamos la obra de Bach o Telemann, que tienen varios siglos, en nada se escuchan simples.
Mi interlocutora me explica que cada compositor, en cada tiempo tiene una serie de reglas a las que apega su creación musical. El oído entrenado reconoce que cada sonido está en su sitio debido a que el esquema así lo exige. Pero, con el tiempo llegan otros compositores que desafían estas reglas para poner otras, las propias, y construir con base en ellas. Sin embargo las reglas anteriores, derribadas, sirven como un referencia para posteriores construcciones. Conforme pasan los años y los siglos, los recursos disponibles para componer son cada vez más numerosos y eso hace que las composiciones contemporáneas sean a veces difíciles de entender porque las seguimos referenciando con lo que conocemos.
Además es muy importante conocer la vida de los compositores; eso puede explicar en el marco de una enfermedad o una pérdida los rasgos de ciertas piezas que difieren del resto. En el caso de Beethoven, los cuartetos de cuerdas que compone luego de su sordera, son mucho más complejos si bien su Novena sinfonía expresa toda la fuerza de su esperanza.
Escuchar y descubrir música es una aventura antropológica, es un esfuerzo arqueológico, es un exhumar y poner en orden datos que eran incoherentes. Es un descubrimiento constante en el que el descubridor es también transformado.
Juárez necesita una estación de radio pública, quizá anidada en la universidad, desde donde se transmita todo el saber que está pendiente para su población. Muchos jóvenes son excelentes intérpretes; hay gran cantidad de orquestas y grupos de cámara pero sigue faltando una guía. Órbita me gusta pero es federal; la ciudad requiere su estación en la que se pueda gozar lo mismo con Handel o Brückner que con Moncayo o con Revueltas.

Aquí, donde comienza la carne asada…

 

Recibimos un asador como regalo de Navidad. Es un modelo americano con tapa. Semanas atrás, comencé a indagar y pronto me sumergí en las especificaciones. Conforme ha pasado el tiempo me he engolfado en leer acerca de la técnica del asado al carbón y de una manera inesperada se abren más ventanas, por ejemplo, la diferencia entre el carbón industrializado frente al carbón vegetal. Cada uno de los productos tiene sus ventajas y desventajas: el carbón vegetal provee una alta temperatura, tiene variaciones y su duración es menor frente al industrializado que es más estable si bien se requiere una mayor cantidad para alcanzar y mantener la temperatura. Igualmente existe toda una base de conocimiento sobre las distintas maderas para ahumar dependiendo primero de la disponibilidad y luego del tipo de carne: el mezquite es fuerte y no le va al puerco o pollo aunque es excelente con carne de res.
Descubro asimismo la importancia de las salmueras húmedas y secas, de los untos, del marinado y del empleo de termómetro al momento de asar la carne así como diversos métodos de aprovechar el calor del carbón.
Dicen diversas crónicas, que estando de viaje José Vasconcelos en la sierra entre Querétaro y Guanajuato, luego de probar unos exquisitos pollos recién hechos exclamó: “Donde termina el guiso y comienza la carne asada, allí comienza la barbarie.” Esta cita ha sido modificada y simplificada para establecer un corte entre la civilización, ubicada en el sur del país y la barbarie, localizada en el norte. No está de más decir que la cita ha dado lugar a debates, anécdotas y reflexiones que rebasan con creces el ámbito gastronómico.
Quienes conocen de cocina señalan que a nivel mundial son pocas las culturas gastronómicas nacionales que constituyen un sistema de cocinas regionales; una de ellas es la comida china; otra, la francesa y por supuesto lo que conocemos como cocina mexicana, que es un conjunto de comidas regionales, cada una con suficiente riqueza para contar con brillo propio.
Pero, ¿y la carne asada es una simpleza? Volvamos a Vasconcelos, a quien invitado por personas que lo estimaban mucho a un rancho en Sonora, años después de su célebre frase, se le preparó una vaquilla al carbón y disfrutando de la carne, su anfitrión le preguntó que que había pasado con su opinión; Vasconcelos, talentoso y simpático le restó importancia a lo dicho y dicen los que escriben de esto, que comió carne tres veces al día durante tres días solazando a los que lo rodeaban.
Lo bárbaro era toda aquella cultura diferente a la del imperio romano, algo así como un extranjero incomprensible y caótico. Sin embargo, la barbarie en su momento histórico fue el vehículo para la expansión y actualización de los idiomas actuales. Hay un hermoso poema de Constantin Cavafis titulado Esperando a los bárbaros en el que los habitantes del imperio lo hacían porque representaban una esperanza al estado de cosas que ya no les satisfacía… y al final del día nunca llegaron.
Volviendo de tan lejos a la carne asada, estoy seguro que nos corresponde documentar uno de nuestros patrimonios culturales. Juárez tiene una vocación gastronómica y seguramente muchas recetas que agradarían a Vasconcelos así como a nosotros.

Un pequeño y modesto mosaico

 

Hoy me propongo escribir acerca de algo que tiene relación con lo que se llama cultura democrática o bien democracia como forma de vida que es uno de los principios constitucionales que nos rigen. Sin embargo, no puedo ni quiero ahora sacar de los cabellos a autores sino tratar de hilvanar una reflexión sencilla.
Lo primero que hay que señalar es que cuando se habla de democracia ésta no se limita al ejercicio electoral. Tratar de ceñir la vida democrática a unas elecciones es una limitación y más cuando los partidos políticos gozan ahora del mayor de los descréditos. Las madres no tardan en contar cuentos a sus niños donde los villanos sean los integrantes de partidos; hay de todo: cínicos, ladrones, mentirosos, borrachos, asesinos y todo tipo de canallas.
No, la vida democrática debe asentarse en otros ámbitos. La piedra fundamental de la estructura orgánica de la república es el municipio. Pudiera entonces pensarse que la vida democrática municipal es la más inmediata al ciudadano y eso es cierto aunque también hay bemoles. Quiero ir todavía a un nivel más inmediato y éste es el de los comités de vecinos. Pido por favor a los abogados estudiosos que completen aquí todo el entramado legal que les da sustento a los comités de vecinos.
Como consecuencia de la terrible violencia que se desató a partir de hace años, los vecinos nos organizamos para instalar rejas. Mucha gente se incomodó porque consideraron que se trataba de la violación del derecho de tránsito. No les falta razón.
Sin embargo, las condiciones fueron tan terribles que las distintas colonias de Ciudad Juárez debieron amurallarse, dependiendo de sus recursos, con altas bardas o rejas, para defenderse. Esto es un testimonio elocuente de la incapacidad de la autoridad para proveer seguridad a los ciudadanos.
La vida vecinal ha transcurrido entre asambleas y comités, y abre y cierre de puertas y gestiones ante la autoridad. La participación vecinal es baja; los inconformes y los apáticos se oponen pasivamente y poco se logra. Ninguna propuesta es lo suficientemente atractiva para concitar el apoyo general. No hay nada que logre que la mayoría de los que vive en un perímetro asista. Se hizo una encuesta para saber si el encuestado estaba de acuerdo con las rejas: 70% dijo sí; la encuesta preguntó: ¿usted estaría dispuesto a aportar alguna cantidad ($100-400) al mes?: 70% dijo sí. ¿La realidad?
El 30% aporta alguna cantidad. El resto critica o se abstiene. Dentro del 30% ya hay quienes al estar en desacuerdo con lo que hace el comité, que fue electo por quince personas de un total de 90, han decidido no pagar la cuota como protesta.
Ahora resulta que el comité, que sin pago ni reconocimiento, sirve a los vecinos, recibe críticas e insultos por su actuar. La lógica diría: nuevas elecciones, pero ¿quién le entra? Nadie o pocos. Esta es una estampa, lector, a grandes rasgos de nuestra democracia como forma de vida. Ni siquiera nuestras condiciones de vida diaria nos hacen que nos pongamos de acuerdo. y mucho menos comprometernos. Criticamos a los que actúan pero no actuamos; exigimos pero no cumplimos; opinamos pero no damos ejemplo. Si queremos cambiar a México iniciemos hoy en nuestra colonia.

En la vorágine

 

Hoy más que nunca, cuando los pueblos enfrentan desafíos insospechados procedentes de las capas que los dominan, se requiere repasar la historia de los países de América Latina, no para vanagloria del intelecto ni para repetición de muletillas desgastadas sino para comprender y ensamblar un panorama comprensivo de la realidad de nuestros países que nos revele rutas de desarrollo.
¿Quieres conocer la historia de la fiebre del caucho en las selvas amazónicas muy similar a otras fiebres por recursos naturales? Hay que leer una novela notable, la única que escribiera el escritor colombiano José Eustasio Rivera. Esta novela dramática se intitula La vorágine y su ambiente es la zona sur de Colombia, la cuenca del río Amazonas, donde a principios del siglo XX se llevaba a cabo la cosecha del caucho en unas condiciones pavorosas.
Esta novela que resultara tan significativa en cuanto a la temática de la selva, fue publicada en 1924. Respondió al interés de su autor de abordar la cruel explotación de los recolectores del caucho en la selva dentro de una historia de amor y venganza contada en primera persona. Son varios los personajes primarios y secundarios de la novela y actúan, como debe ser, en diversos planos. Verlos es observar un corte de la sociedad colombiana de principios del siglo XX y la ruptura que representa la novela con las corrientes tradicionales de las letras colombianas hasta ese momento. Posteriormente vendrá García Márquez con el genero del realismo mágico y después la literatura colombiana ha circulado por el rumbo de la novela del sicariato, lo que le confiere, y lo veremos adelante, bastante proximidad con nuestro país.
Siguiendo un modelo proveniente de Grecia, el protagonista principal de la obra desciende a la selva, que es una especie de “infierno verde” pero a diferencia de los patrones antiguos, al regresar no vuelve al mismo punto. Si se quiere conocer una estructura de novela propia de nuestro tiempo, ésta es una de ellas en que veremos impresionados cuadros aterradores de esclavitud, explotación y violencia. Claro que se trata de una violencia diferente a la que conocemos ahora y esto nos da elementos para comprender que las formas de la violencia son variadas pero siempre presentes y lamentables.
El autor, José Eustasio Rivera nació en la municipalidad colombiana de Huila el 19 de febrero de 1888 y murió en Nueva York, el 1 de diciembre de 1928 a los cuarenta años de edad. Estudió, como otros destacados escritores, la carrera de leyes y obtuvo el grado de doctor en la materia si bien su inclinación siempre fue hacia la poesía y la novela. Uno de sus mas conocidos libros de poesía se llama Tierra de promisión, publicado en 1921.
Como dijimos líneas atrás, su novela fue publicada en 1924 y en 1928 viajó a Nueva York para negociar la venta de los derechos para hacer de ella una película. Cayó enfermo, al parecer de un tipo de malaria que había contraído en la selva, y luego de permanecer en estado de coma varios días, murió. El traslado de su cuerpo duró muchos días hasta que llegá a Bogotá donde se le sepultó. La obra de Rivera es un clásico de las letras latinoamericanas que invita a ser leída.

Mi nuevo restaurante

 

A fines del invierno decidí hacerlo nuevamente. Abrí un comedor bajo uno de los árboles del jardín. Los comensales no tardaron en llegar y sus charlas pronto inundaron el espacio. No se si se trataba de temas actuales o solo expresiones de gusto por la vida pero la algarabía era asombrosa gran parte del día.
He consultado algo acerca de la palabra restaurante y se que viene del francés y a su vez del latín de donde toma su significado principal que es el de restaurar. Es a fines del los 1700 en Francia que comienza a utilizarse el término y ello porque originalmente la comida que se servía era reconfortante. Ya con el paso del tiempo las variedades de comida y servicio en un restaurante se han multiplicado hasta el infinito. Los hay de todo tipo de comida, de la llamada gourmet, vegetarianos, de comida rápida, de una llamada internacional, lo que en realidad es un surtido variado, y de comidas o versiones de diversos países. Sabemos que muchas veces las comidas que presuntamente son de otros países son en realidad una versión propia o un reflejo vago de otras culturas culinarias. ¡Qué bueno! Personas que han viajado y tenido el privilegio de comer en esos países a veces señalan que los que se le ofreció como una delicia era repugnante e incomible. ¡Hay quienes aseguran que hay lugares donde hasta los testículos de buey se comen!
La comida es una manifestación de nuestra cultura y conocer una nueva cocina es aventurarnos. En nuestro propio país hay platillos que de región a región seguramente resultarán retadores no obstante que sean una delicia. Pienso en los gusanos de maguey que tanto disfruté en otros tiempos, en los chapulines o las hormigas. Pero volvamos al restaurante.
Es importante que la disposición del comedor favorezca un ambiente agradable; las mesas y sillas deben acomodarse de una manera adecuada en cantidad y disposición. A veces vamos a lugares en los que no queda otro remedio que, como le sugirieron a Fidel, ¡cenas y te vas!; hay en cambio, sitios agradables y acogedores que animan a que se permanezca en ellos en beneficio de la charla y el consumo.
Este punto es esencial. De acuerdo con la definición del restaurante, se trata de una actividad comercial, esto es, el comensal paga por los alimentos que recibe.
El comedor que coloqué bajo los árboles de nuestro jardín es tan solo una pequeña caja como reja de metal en la que se inserta una galleta del tamaño de un ladrillo compuesta de semillas variadas apetecibles para los pájaros silvestres. El árbol es un moro con forma de sombrilla, por ahora sin hojas; los comensales, saltan de rama en rama para acercarse al alimento y comen y cantan todo el día sin preocuparse por la cuenta. Me las ingenié para colocar la caja entre las ramas lejos del alcance de las palomas. Nos reservamos el derecho de admisión.
Es cierto que no se cumple con lo señalado por la Real Academia de la Lengua en cuanto a que debe ser un establecimiento mercantil pero me gozo con el éxito del lugar pues no tengo quejas de los abundantes clientes sino por el contrario su grata presencia.